Introducción
La resistencia a los antibióticos es un importante problema de salud pública. Las infecciones causadas por microorganismos multirresistentes (MMR) se asocian con estancias hospitalarias más prolongadas y con una mayor mortalidad en comparación con las infecciones causadas por microorganismo sensibles [1]. Se estima que los MMR causan el 15-20% del total de las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria (IRAS), pero multiplican entre 3 y 5 veces la morbimortalidad [2].
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las infecciones por MMR causan 700.00 muertes anuales a nivel mundial, de ellas 33.000 muertes anuales en la Unión Europea. La OMS considera la resistencia antimicrobiana como una de las 10 principales amenazas de la salud pública a enfrentar por la humanidad [2].
El problema de la resistencia a antibióticos es multicausal y complejo, pero uno de los principales determinantes es el uso inadecuado de los antibióticos [2].
Para afrontar este problema, en España se aprobó en 2014 el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN). Entre las acciones prioritarias del PRAN en el ámbito de la salud humana se encuentra la implantación progresiva de los Programas de Optimización de Uso de los Antibióticos (PROA) tanto en hospitales como en atención primaria [3].
La complejidad de las enfermedades infecciosas y el aumento de la resistencia a los antibióticos hacen imprescindible el establecimiento de los PROA. Estos programas tienen como objetivo optimizar la prescripción de antibióticos, mejorar los resultados clínicos en los pacientes con procesos infecciosos, reducir los efectos adversos derivados del uso de antibióticos, minimizar la aparición de resistencias a antibióticos y fomentar el uso de una antibioterapia coste-eficaz [4].
Entre las funciones estratégicas de los PROA se encuentra, monitorizar indicadores de diversa índole, para evaluar la situación del centro, priorizar necesidades, diseñar actividades y evaluar el impacto de las mismas. Estos indicadores pueden ser de estructura, de proceso y de resultado. Entre los indicadores de proceso se encuentran los relacionados con el consumo de antibióticos [4].
El objetivo de este estudio fue evaluar cómo influyó en el consumo de antimicrobianos el aumento de la frecuencia de las reuniones en las que el equipo PROA (Programa de Optimización del Uso de Antimicrobianos) del hospital realizó auditorías no impositivas de ayuda a la prescripción.
Material y métodos
Diseño del estudio. Se realizó un estudio observacional de cohortes retrospectivo, comparando el consumo de los antimicrobianos de los grupos J01 y J02 en el año 2022 (último año en el que el grupo PROA se reunió una vez por semana) frente al consumo de los antimicrobianos de los grupos J01 y J02 en el año 2023 (primer año en el que el grupo PROA se reunió de forma más exhaustiva con dos reuniones por semana).
Contexto. El estudio se realizó en un hospital general de 105 camas, que atiende a un área sanitaria de 41.865 habitantes (censo 2023).
En nuestro hospital el equipo PROA se creó a finales del año 2016. Desde su constitución ha pasado por cambios en la periodicidad de sus reuniones en las que realiza auditorías no impositivas de ayuda a la prescripción, siendo el año 2022 el último año en el que estableció reunirse una vez por semana, manteniendo desde el año 2023 hasta la actualidad dos reuniones semanales (con la salvedad de que por problemas organizativos no pudiera reunirse).
Se compararon los períodos comprendidos entre enero-diciembre 2022 (12 meses) y enero-diciembre 2023 (12 meses).
Participantes. Se incluyó el consumo de antimicrobianos de los grupos J01 y J02 de los años 2022 y 2023 del global del hospital, excluyendo el consumo de los servicios que no generasen estancias y de los servicios en los que no es aplicable el cálculo del indicador dosis diaria definida (DDD) (servicio de pediatría), aunque el consumo de antimicrobianos de los pacientes con nefropatías tampoco sería aplicable el cálculo de DDDs, en nuestro hospital los pacientes con nefropatías ingresan a cargo del servicio de medicina interna desde el año 2017 no siendo posible excluirlos del estudio. La DDD se define como la dosis media de mantenimiento diaria de un fármaco utilizado para su principal indicación en adultos [5]. La DDD en la actualidad es la unidad de medida más utilizada, puesto que permite establecer comparaciones de una forma más generalizada, sin embargo, entre sus limitaciones destaca la imposibilidad de hacer comparaciones en áreas como pediatría o nefrología, en donde las dosis utilizadas difieren considerablemente de la DDD [6].
Variables. Se comparó el consumo de antimicrobianos entre ambas cohortes, en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos por grupos de antiinfecciosos (grupos J01 y J02), grupos de antibacterianos de acción sistémica (antibacterianos del grupo J01), agentes activos frente a
Staphylococcus aureus sensible a meticilina (agentes anti-SASM)/agentes activos frente a
Staphylococcus aureus resistente a meticilina (agentes anti-SARM), antibióticos frente bacterias gramnegativas sensibles/bacterias gramnegativas resistentes y por antimicrobiano. Además, se calculó el ratio agente anti-SASM (cloxacilina, cefazolina)/agentes anti-SARM (glicopéptidos, daptomicina, linezolid, dalbavancina y ceftarolina) [7].
Fuentes de datos. Los datos de consumo de antimicrobianos se obtuvieron del programa Farmatools
® (3.0, Glintt Healthcare, Portugal). Los datos sobre estancias e ingresos hospitalarios se extrajeron a través del programa Data Warehouse Analytical Tool
® (26.05.00, Shared Medical Systems Corporation, U.S.A.).
Análisis estadístico. Los datos sobre el consumo de antimicrobianos se extrajeron en una base de datos Excel
® (16.0, Microsoft Corporation, U.S.A.), siendo estos: año, trimestre, subgrupo terapéutico (ATC2), subgrupo farmacológico (ATC3), subgrupo químico (ATC4), principio activo (ATC5), vía de administración, especialidad farmacéutica, servicio y consumo en unidades. Para el cálculo de las DDD se utilizó el índice ATC/DDD 2024, publicado en la web del Collaborating Centre for Drug Statistics Methodology de la OMS [5]. Para ello, se multiplicó el número de unidades consumidas por la cantidad de principio de cada especialidad farmacéutica, y se calculó el número de DDD dividiendo la cantidad de principio activo consumida entre la DDD de cada principio activo. A continuación, se estimó el consumo en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos. Se comparó el consumo del año 2023 respecto al 2022, a través de la diferencia entre ambos períodos expresada en DDD/1000 estancias, DDD/1000 ingresos con valores absolutos y porcentajes. La evolución del consumo por trimestres se representó gráficamente mediante gráficos de líneas.
Ética. El estudio no incluyó pacientes o datos de los mismos, por lo que no se requirió de la aprobación de un CEIm (Comité de Ética de Investigación de medicamentos). La realización del presente estudio fue autorizada por la Gerencia y la Dirección de Asistencia Sanitaria y Salud Pública del Área I del SESPA (Servicio de Salud del Principado de Asturias).
Resultados
En el año 2022 se realizaron un total de 101 intervenciones no impositivas de ayuda a la prescripción frente al año 2023 en el que se realizaron 358.
Durante las etapas a estudio, las estancias hospitalarias disminuyeron de 22.186 en el 2022 a 19.792 en 2023 (-10,79 %), los ingresos también decrecieron de 3.249 en 2022 a 3.009 en 2023 (-7,39 %). Se redujeron más las estancias que los ingresos, disminuyendo la estancia media. En 2022 la estancia media fue de 6,56 días, y en 2023 de 6,22 días (-5,18 %).
Consumo por grupos de antiinfecciosos (grupos J01 y J02)
El consumo de antibacterianos para uso sistémico (J01) en el 2023 frente al 2022, aumentó ligeramente por estancias (+0,13 %) y disminuyó por ingresos (-3,55 %), y el consumo de antimicóticos para uso sistémico (J02), decreció de forma muy similar tanto por estancias (-53,68 %) como por ingresos (-55,38 %). En la Tabla 1 se muestran los cambios en el consumo entre los años 2023 y 2022 en DDD/1000 estancias y DDD/ingresos con valores absolutos y relativos. La evolución del consumo por trimestres en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos puede apreciarse en la Figura 1.

Consumo por grupos de antibacterianos de acción sistémica (antibacterianos del grupo J01)
Respecto a los principales grupos de antibacterianos de acción sistémica, el uso en el año 2023 en contraposición con el 2022, se incrementó en penicilinas por estancias (+16,18%) y por ingresos (+11,91%), para glucopéptidos por estancias (+25,50%) y por ingresos (+20,89%) y en aminoglucósidos por estancias (+68,69%) y por ingresos (+62,49%). El consumo de quinolonas aumentó por estancias (+1,17%) y disminuyó por ingresos (-2,54%). Disminuyó el consumo de cefalosporinas por estancias (-6,99%) y por ingresos (-10,41%) y en carbapenémicos por estancias (-34,54%) y por ingresos (-36,95%). La variación en el consumo entre los años 2023 y 2022 por DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos expresada en valores absolutos y relativos, se expone en la Tabla 2.
La Figura 2 muestra el cambio en el consumo por trimestres en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos.

Consumo de antibióticos activos frente a bacterias gramnegativas sensibles y de antibióticos activos frente a bacterias gramnegativas resistentes
Se comparó el consumo en DDD/1000 estancias y DDD/ingresos de antibióticos activos frente a bacterias gramnegativas sensibles (amoxicilina-clavulánico) y de antibióticos activos frente a bacterias gramnegativas resistentes (piperacilina-tazobactam, carbapenémicos, ceftazidima, cefepima, cefalosporinas con inhibidores de betalactamasas, aminoglucósidos, polimixinas) entre los años 2023 y 2022. En 2023 respecto a 2022, el consumo aumentó en amoxicilina-clavulánico por estancias (+31,76 %) y por ingresos (+26,92 %), para piperacilina-tazobactam por estancias (+7,49 %) e ingresos (+3,54 %), en aminoglucósidos por estancias (+31,39 %) y por ingresos (+26,56 %), para ceftazidima y cefepima por estancias (+29,07 %) e ingresos (+24,32 %) y en polimixinas por estancias (+166,89 %) y por ingresos (+157,09 %). Disminuyó el uso de carbapenémicos por estancias (-34,54 %) e ingresos (-36,95 %). En la Tabla 3 se presentan los cambios en el consumo entre los años 2023 y 2022 en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos en valores absolutos y relativos.
Se analizó la evolución trimestral del consumo en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos (Figura 3).

Consumo de antibióticos activos frente a SASM y antibióticos activos frente a SARM
Se comparó el consumo en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos de antibióticos activos frente a SASM (cefazolina, cloxacilina) y antibióticos activos frente a SARM (glucopéptidos, daptomicina, oxazolidinonas, dalbavancina y ceftarolina) entre los años 2023 y 2022. En 2023 respecto a 2022, el consumo se incrementó para cefazolina por estancias (+23,32 %) y por ingresos (+18,79 %), en cloxacilina por estancias (+17,76 %) e ingresos (+13,44 %), para vancomicina por estancias (+25,50 %) e ingresos (+29,83 %) y en daptomicina por estancias (+34,78%) y por ingresos (+20,89). En linezolid el consumo aumentó por estancias (+0,78 %) y disminuyó por ingresos (-2,92 %). En la Tabla 4 se presentan los cambios en el consumo entre los años 2023 y 2022 en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos en valores absolutos y relativos.
El ratio agente anti-SASM (cloxacilina, cefazolina)/agentes anti-SARM (vancomicina, teicoplanina, daptomicina, linezolid, dalbavancina y ceftarolina) mejoró en 2023 respecto a 2022 (1,07 frente a 1,09; diferencia: 2,5%). Se analizó la evolución trimestral del consumo en DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos (Figura 4).

Consumo por antimicrobiano (grupos J01 y J02)
Los 15 antimicrobianos más utilizados de los grupos de antimicrobianos para uso sistémico (J01) y antibióticos para uso sistémico (J02) en los años 2022 y 2023 por DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos, expresados en valores absolutos y en porcentaje del total de antimicrobianos de los grupos J01 y J02, se muestran en la Tabla 5.
Discusión
Hallazgos principales e interpretación de los mismos
Entre los indicadores clásicos de medida del consumo de antibióticos se encuentran las DDD/1000 estancias o DDD/1000 ingresos siguiendo la clasificación ATC [4]. El indicador DDD/1000 estancias describe la exposición hospitalaria a antimicrobianos, pero no muestra con precisión la densidad de empleo, puesto que no proporciona información sobre el número y la proporción de pacientes tratados con antimicrobianos [8,9,10,11]. Asimismo, DDD/1000 estancias es sensible a los cambios en los indicadores de recursos hospitalarios a lo largo del tiempo [8,9,12].
A nivel poblacional, la presión selectiva que hace que se desarrollen cepas resistencias se debe al volumen de antimicrobianos utilizados en una determinada área geográfica, al número de pacientes expuestos, así como a la proporción de pacientes en tratamiento con antimicrobianos, por lo tanto, sería conveniente que el denominador incluyera datos sobre estos factores, para complementar la información proporcionada por el indicador DDD/1000 estancias [8,9].
El indicador DDD/1000 ingresos proporcionan información sobre la exposición por paciente. Además, combinar DDD/1000 estancias y DDD/1000 ingresos, contribuye a interpretar las diferentes tendencias de consumo a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta los cambios en la actividad hospitalaria (días de ingreso y número de altas) [8,11,12].
Ambos indicadores de consumo no siempre se correlacionan, estas diferencias pueden deberse a variaciones en las altas y estancias durante el intervalo a estudiar [11]. La tendencia actual a reducir la duración de la estancia hospitalaria puede explicar una posible sobreestimación en el consumo de antimicrobianos cuando se expresa como DDD/1000 estancias [6,13,14,15]. Como veremos a continuación, los cambios en la estancia media toman vital importancia en la evaluación comparativa del consumo de antimicrobianos [10,15,16].
En 2023 respecto a 2022, se produjo una reducción de la estancia media (-5,18 %). En nuestro estudio cabe destacar que:
- El consumo de antibacterianos del grupo J01 se incrementó ligeramente por estancias (+0,13 %) y se redujo por ingresos (-3,55 %), que, en un escenario de descenso de la estancia media, señalaría a un menor número de pacientes tratados con antibacterianos. El consumo de antimicóticos del grupo J02, se redujo más por ingresos (-55,38 %) que por estancias (-53,68 %), que teniendo en cuenta la disminución de la estancia media, indicaría un menor número de pacientes expuestos.
- El consumo de carbapenémicos disminuyó más por ingresos que por estancias (-34,54 %), al igual que el uso de cefalosporinas que se redujo más por ingresos (-10,41%) que por estancias (-6,99 %),
lo que podría reflejar su utilización en un menor número de pacientes. Se incrementó el uso de penicilinas por estancias (+16,18 %) y por ingresos (+11,91 %), de glucopéptidos por estancias (+25,50 %) y por ingresos (+20,89 %) y aminoglucósidos por estancias (+68,69 %) y por ingresos (+62,49 %). Este mayor aumento del consumo por estancias que por ingresos, teniendo en cuenta la reducción en la estancia media, podría apuntar tanto a una mayor exposición a estos antimicrobianos (p.ej. por una mayor duración de la terapia antiinfecciosa) como a un mayor número de pacientes tratados. El consumo de fluoroquinolonas, agentes relacionados con la selección de resistencias, se redujo por ingresos (-2,54 %) y aumentó por estancias (+1,17 %), lo que en un contexto de reducción de la estancia media, señalaría a un menor número de pacientes tratados con fluoroquinolonas.
- Con relación a los antibióticos activos frente a bacterias gramnegativas sensibles y los activos frente a bacterias gramnegativas resistentes, el uso de carbapenémicos, antibióticos de amplio espectro y de gran impacto ecológico, disminuyó más por ingresos que por estancias, señalando a su utilización en un menor número de pacientes. Por otro lado, el consumo por estancias aumentó más que por ingresos en piperacilina-tazobactam, cefalosporinas antipseudomónicas, amoxicilina-clavulánico, aminoglucósidos y polimixinas probablemente como alternativa al consumo de carbapenémicos.
- Respecto a los agentes anti-SASM y anti-SARM, el uso de cefazolina y cloxacilina se incrementó algo más por estancias que por ingresos, que en un entorno de reducción de la estancia media, apuntaría a una mayor exposición a estos antimicrobianos y a un mayor número de pacientes tratados. El consumo de daptomicina aumentó más por estancias que por ingresos, al igual que cloxacilina y cefazolina. El uso de vancomicina creció más por ingresos que por estancias, lo que indicaría a un mayor número de pacientes expuestos. Linezolid aumentó ligeramente su consumo por estancias (+0,78 %) y disminuyó por ingresos (-2,92 %), lo que en un contexto de reducción de la estancia media, apuntaría a su utilización en un menor número de pacientes, el uso prudente de este antibiótico es crucial para preservar su actividad, dado que preocupa la aparición de
Staphylococcus spp. resistentes a linezolid y es uno de los pocos antibióticos orales activos frente a SARM [17]. La relación de agentes anti-SASM (cloxacilina + cefazolina)/agentes anti-SARM (vancomicina, teicoplanina, daptomicina, linezolid, dalbavancina y ceftarolina) mejoró (1,07 versus 1,09; diferencia: +2,5%), al igual que en Cantudo Cuenca MR et al. [18].
No hemos encontrado otros estudios que evalúen cómo influyó en el consumo de antimicrobianos el aumento de la periodicidad de las reuniones del equipo PROA.
Varios metaanálisis publicados en los últimos años analizan las diferencias en el consumo de los antimicrobianos antes y tras la implantación de los PROA, alcanzándose diferencias significativas en la mayoría de estos programas [19,20,21,22]. En dichos metaanálisis, las diferencias encontradas son mucho más notables que en nuestro trabajo, cosa que cabría esperar, al compararse en dichos estudios una etapa sin PROA frente a otra en la que el PROA está instaurado.
En nuestro entorno, varios estudios han analizado la repercusión en el consumo de antimicrobianos de la incorporación del equipo PROA a su centro en pacientes ingresados.
Collado R et al. [11] en un hospital general de 409 camas, compararon el consumo de antimicrobianos 1 año antes y 1 año después de la implantación de un PROA en DDD/100 estancias y DDD/100 altas.
El consumo de todos los antibacterianos intervenidos por el PROA disminuyó tanto por estancias (-2,5 %) como por altas (-3,8 %). Se redujo el consumo de tigeciclina por estancias (-11,8 %) y altas (-13,1 %), carbapenems por estancias (-11,5 %) y altas (-12,7 %), quinolonas por estancias (-9,9 %) y altas (-11,1 %), cefalosporinas por estancias (-1,9 %) y altas (-3,2 %), amoxicilina-clavulánico por estancias (-0,5 %) y altas (-1,8 %). Aumentó el consumo de daptomicina por estancias (+225 %) y altas (+220,6 %), piperacilina-tazobactam por estancias (+3, 9 %) y altas (+2,5 %).
El consumo de linezolid aumentó por estancias (+1,2 %) y decreció por altas (-0,2 %). Dentro de las cefalosporinas, el consumo de cefepima se redujo por estancias (-9,6 %) y altas (-10,9 %), ceftriaxona creció por estancias (+0,3 %) y disminuyó por altas (-1,1 %), en cefotaxima aumentó por estancias (+3,5 %) y altas (+2,0 %) y en ceftazidima por estancias (+14,1 %) y altas (+12,5 %). El consumo de antifúngicos disminuyó por estancias (-52,7 %) y altas (-53,3 %).
Ugalde-Espiñeira J et al. [23] midieron el consumo de antimicrobianos 6 meses antes y 6 meses después del establecimiento de un PROA, en hospital general de 128 camas. El consumo en DDD/100 estancias, decreció en el total de antimicrobianos (-5,61 %), por grupos se redujo en antifúngicos (-51,46 %), anaerobicidas (-35,03 %), aminoglucósidos (-31,23 %), carbapenémicos/monobactámicos (-9,76 %), glucopéptidos (-7,73 %), penicilinas (-6,64 %), macrólidos (-2,68), y se incrementó para quinolonas (+15,19 %), cefalosporinas (+5,56 %), tetraciclinas (+40 %), sulfonamidas (+3,64) y nitrofurantoína/colistina (+40 %).
Jover Sáenz A et al. [24] estudiaron en un hospital de 400 camas los resultados del PROA comparando 5 años antes y 5 años después de su implantación. El consumo de antibacterianos en DDD/100 estancias disminuyó de 77,04 a 71,33 (-5,7 %) entre el primer año antes y el quinto año después de su implantación, con una tendencial anual decreciente significativa después de la implementación del PROA, esta tendencia anual decreciente anual significativa también se observó para el uso de carbapenémicos, monobactamas, fluoroquinolonas, antibióticos antipseudomónicos en su conjunto (piperacilina-tazobactam, ceftazidima, cefepime, ciprofloxacino, meropenem, amikacina, colistina, fosfomicina, aztreonam), tetraciclinas, colistina y glucopéptidos. Las cefalosporinas tendieron a aumentar anualmente de forma significativa en el periodo posintervención a expensas de cefazolina, ceftriaxona/cefotaxima y ceftazidima, en comparación con cefepima que tendió a disminuir; ocurrió lo mismo con azitromicina y cloxacilina.
Rodríguez-Baño et al. [25] muestran los resultados del programa PIRASOA (Programa integral de prevención y control de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria y uso apropiado de los antimicrobianos) en 31 hospital públicos en Andalucía (España) durante 4 años tras la implementación de PIRASOA. Las intervenciones se realizaron principalmente a
través de entrevistas educativas (EI). Disminuyó significativamente el consumo de antimicrobianos de los grupos J01 y J02 en DDD/1000 estancias de 923 (primer trimestre) a 778 (16º trimestre). Se observó una tendencia negativa significativa en el consumo en DDD/1000 estancias de carbapenémicos, fluoroquinolonas y amoxicilina-clavulánico y una tendencia positiva significativa en el consumo de cefalosporinas tanto antipseudomónicas como no antipseudomónicas, también se advirtió una tendencia negativa, aunque no significativa en el consumo de piperacilina-tazobactam y vancomicina.
Ruiz J et al. [26] evaluaron el resultado de la instauración de un PROA en un área clínica médica (conformada por los servicios de Unidad Médica de Corta Estancia, Medicina Interna y Unidad Enfermedades Infecciosas), previamente y después de dos años de su implantación. Comparando el trimestre previo a la instauración del PROA con el último trimestre del periodo de intervención, el consumo de los antimicrobianos intervenidos en DDD/1000 estancias disminuyeron significativamente de 31,3 a 17,6, además se redujo significativamente el uso de carbapenémicos (-51,3 %), antifúngicos (-43,3 %), linezolid (-23,2 %) y daptomicina (-40,2 %) en DDD/100 estancias.
Otros estudios en nuestro país muestran los resultados de implantación de los PROA en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) [27,28,29,30], Servicios Quirúrgicos [31], Servicios de Urgencias [32] y Unidades Pediátricas [33]. En general estos programas han conseguido, disminuir el consumo total de antimicrobianos (especialmente de antibacterianos y antifúngicos), reducir el uso de antibacterianos de amplio espectro y de agentes relacionados con la selección de resistencias.
Los resultados obtenidos en nuestro estudio van en línea con los obtenidos en estos programas, sin embargo, tal y como cabría esperar, las diferencias encontradas en nuestro estudio son mucho menos notables, al compararse una etapa con reuniones del PROA más frecuentes frente a otra en la que las reuniones eran menos frecuentes, pero en la que el PROA estaba instaurado.
Limitaciones y generabilidad
Entre las principales limitaciones del presente estudio, cabe destacar que no se recoge información sobre el tipo de infecciones tratadas y el mapa de resistencias bacterianas del centro, lo que imposibilita analizar el cómo afectan estas variables al consumo de antimicrobianos. En segundo lugar, no se evalúan los resultados clínicos (mortalidad, tasas de reingreso, duración de la estancia, etc.) ni microbiológicos (diferencias en los patrones de resistencia antimicrobiana, variación en la incidencia de bacterias resistentes, etc.) de las intervenciones del PROA. No obstante, en la mayoría de los trabajos que tratan de estimar la repercusión del PROA en los resultados clínicos, no se han obtenido diferencias significativas, además de poder verse afectados por varios factores [17,18]. En tercer lugar, pocos estudios en nuestro entorno evalúan el consumo de antimicrobianos en DDD/1000 ingresos o DDD/1000 altas, lo que dificulta la comparabilidad de nuestros resultados con los de otros centros cercanos al nuestro.
Por otro lado, cabe destacar, se trata de un estudio observacional retrospectivo unicéntrico, realizado en un hospital comarcal de pequeño tamaño (menor de 200 camas), lo que limita la generalización de los resultados, especialmente a otros hospitales de mayor nivel de complejidad.
Fortalezas
A pesar de las limitaciones, el estudio presenta varias fortalezas destacables. No se han encontrado otros trabajos que evalúen cómo influyó en el consumo de antimicrobianos el aumento de la frecuencia de reuniones del equipo PROA. Además, pocos estudios combinan el análisis del consumo en DDD por estancias e ingresos, lo que contribuye a interpretar las tendencias de consumo a lo largo del tiempo. Por último, se realizó en un hospital de menos de 200 camas, un tipo de centro poco representado en la literatura actual.
Conclusión
El aumento de la frecuencia de las reuniones en las que el equipo PROA realizó auditorías no impositivas de ayuda a la prescripción parece estar relacionado con un mejor uso de los antimicrobianos en nuestro centro, destacando la disminución del número de pacientes tratados con carbapenémicos y fluoroquinolonas, antibióticos de alto impacto ecológico.
Financiación
Los autores declaran no haber recibido financiación para la realización de este estudio.
Conflictos de intereses
Los autores declaran que no tienen conflictos de intereses.
Contribución de los autores
Conceptualización, M.I.Z.G. y T.R.A.; metodología, análisis formal y validación, M.I.Z.G. y J.M.F.C.; investigación, M.I.Z.G., J.R.P., A.B.S., M.A.P., J.R.S., E.C.A. y D.G.F.; conservación de datos, M.I.Z.G.; redacción-borrador original, M.I.Z.G.; redacción-revisión y edición, todos los autores. Todos los autores han leído y aceptado la versión publicada del manuscrito.
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